La impresión 3d también es industria Argentina


La cadera de plástico sobresale entre pequeños floreros, plantillas y diversas figuras del mismo material. A apenas unos pasos de estos objetos está su fabricante, que no es una persona. Es una máquina, pero no una máquina cualquiera, sino una impresora 3D, una tecnología que, según el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, va a cambiar la historia de la industria en el mundo. impresora-3d-argentina-industria-nacional-impresion-3d

La impresión 3D transita todavía en la Argentina lo que se conoce como la “era del plástico”, puesto que aún no se producen aquí las grandes máquinas capaces de moldear piezas de hierro, acero y hasta oro, como ya ocurre en los países que están más a la vanguardia. Más allá de eso, el avance por estas tierras no es menor, ya que hay una buena producción, con tecnología de punta y emprendedores ávidos de usar estas máquinas para elaborar sus propios objetos y montar un negocio alrededor de eso.

Las tres grandes empresas del país son Replikat, Kikai y Chimak, que arman impresoras 3D, las venden y dan soporte técnico. Algunas, como las de Replikat, se venden en Musimundo.

Por ahora, sólo se venden en el país poco más de 1000 impresoras por año, a valores que oscilan entre 25.000 y 40.000 pesos cada una. El filamento flexible, de nylon y ABS, que es la materia prima que la impresora funde y luego modela, se vende por rollos, cada uno de los cuales cuesta unos $ 450.

Santiago Scaine, fundador y dueño de Replikat, junto con Pablo González, dice que es difícil pasar de la “era del plástico” a la del “metal”, por el alto costo de las máquinas que permiten imprimir en este material (van desde US$ 700.000 hasta US$ 1,2 millones, mientras que las otras salen US$ 2800). “La gran revolución se da porque se puede prototipar cualquier objeto que uno cree con una máquina de bajo costo”, dice el empresario, que tiene su planta en el parque industrial Champion, Villa Martelli.

Luis Dambra, profesor del Área Académica Dirección de Operaciones y Tecnología y codirector del Centro de Innovación y Estrategia en Latinoamérica del IAE, comenta que en el rubro “metales” los países que hacen punta son Estados Unidos y Alemania, llevados por la demanda de grandes empresas, como Boeing, Siemens y la propia NASA. Japón, Corea y China hacen grandes esfuerzos para estar en el lote de vanguardia, tanto en producción como en utilización de máquinas.

Según cuenta Scaine, en la Argentina hay un abanico amplio de clientes: desde entidades educativas (universidades, colegios secundarios), centros de investigación y capacitación (INTA, INTI, Uocra) y ministerios, hasta hobbistas que la compran para fabricar o dar los primeros pasos. “Nosotros somos más industriales -explica el empresario-. Ahora estamos cerrando con Volkswagen para prototipar piezas de la línea de montaje.”

Aquí, además, el Centro de Innovación de 3M tiene dos máquinas trabajando para acortar su ciclo de desarrollo. Algunas empresas, como FV (grifería), hacen los diseños con impresoras 3D para acortar sus tiempos de producción. Otras, que no tienen un volumen de prototipo tan grande como para justificar la inversión, tercerizan la producción. “La pyme, por ejemplo, hace el diseño digital y manda a elaborar el prototipo a empresas como Kikai, Replikat o Chimak”, dice Dambra.

Todo lo que se hace hoy en la Argentina y en el mundo con 3D es apenas la punta del iceberg de lo que podrá propiciar esta tecnología en un futuro. ¿Un ejemplo? Ya se estudia la posibilidad de imprimir órganos humanos, alimentos y hasta casas enteras.


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