Congelan a una niña de 2 años, con la esperanza que la impresión 3D le devuelva la vida


Los padres, ambos médicos, de una niña tailandesa llamada Matheryn, muerta a los dos años de edad a causa de un tumor cerebral, ordenaron de inmediato la congelación de su cuerpo tras el óbito con la esperanza de que algún día los avances científicos y tecnológicos, como la impresión 3D -en proceso de crear órganos y tejidos humanos-, puedan devolverle la vida.impresion-3d-argentina-nena-tailandesa-congelada-criogenesis-cancer

Según se hace eco PlayGround, Matheryn ya nació con el tumor en el cerebro: se le desarrolló cuando aún era un embrión. La niña, al parecer, nació en un vientre de alquiler, ya que su madre, la doctora Nareerat, habría perdido el útero tras el nacimiento de un hijo anterior.

Los médicos le diagnosticaron ependimoblastoma, una rara forma de cáncer cerebral que afecta a los más jóvenes y que tiene una tasa de supervivencia a cinco años de tan sólo el 30%.

Murió el 8 de enero de 2015, según se ha sabido ahora, después de que sus padres decidieran desconectarla de las máquinas que la mantenían artificialmente con vida.

En el momento de su muerte, el cáncer había devorado el 80% de la parte izquierda de su cerebro, a consecuencia de lo cual sufrió la parálisis de la parte derecha de su cuerpo.

En el transcurso de su corta vida fue sometida a doce intervenciones quirúrgicas y a más de veinte tratamientos de radiación y quimioterapia.

Matheryn, por tanto, se ha convertido en el ser humano más joven de la historia en ser criogenizado -tras separarle el cerebro del resto del cuerpo- en un tanque de nitrógeno líquido a -196 grados de temperatura en las instalaciones de la compañía Alcor (Arizona, Estados Unidos), donde también reposan congelados otros ilustres pacientes como el famoso jugador de béisbol Ted Williams, así como su hijo John Henry Williams.impresion-3d-argentina-nena-tailandesa-congelada-criogenesis-cancer-padres-medicos-alcor

Matheryn ingresó como la paciente número 134. Sus padres han abonado por este servicio una cantidad superior a los 300.000 euros.

Max More, el filósofo transhumanista que dirige esta empresa, admite que no es posible ofrecer garantías a sus padres: no se sabe cuándo podrán despertar a los casi 1.000 clientes que ya se han apuntado a sus listas, ni si podrán hacerlo.

Al día de hoy, ningún ser humano ha resucitado después de la congelación.

Todo depende del avance de la ciencia en la regeneración de tejidos, que ha dejado obsoleta la clonación en beneficio de la impresión 3D de órganos, la nanotecnología molecular.

Los doctores Naovaratpong han invertido en bonos de esperanza científica: si algo sale mal, las células del cerebro de su hija podrán servir para investigar su tipo de cáncer.impresion-3d-argentina-nena-tailandesa-congelada-criogenesis-cancer-padres-medicos

El deseo de vivir para siempre, o de resucitar en un futuro lejano después de la muerte física, acompañan al hombre desde hace siglos. Pero la ciencia criónica moderna tuvo un inicio preciso: 1962.

Ese año, el profesor de física Robert Ettinger, de la Universidad de Michigan, se financió la publicación del libro ‘The Prospect of Inmortality‘, donde proponía que la congelación de personas recientemente fallecidas podía ser un modo de alcanzar futuras tecnologías médicas y hasta salvar vidas: “Lo que hoy parece mortal, mañana puede ser reversible”.

En paralelo, el científico Evan Cooper fundó en 1965 la Life Extension Society para promover la congelación de personas. Daba inicio la ciencia (y la industria millonaria) de la inmortalidad.

Alcor está en activo desde los años 90: desde entonces, ni sus clientes ni sus ingresos han parado de crecer.

A su alrededor se ha desatado una auténtica carrera empresarial de la criogenia: decenas de empresas han surgido para competir con Alcor, pero la mayoría han desfallecido por el camino.

Actualmente sólo tres empresas le hacen sombra: KrioRus, un laboratorio ruso; el también estadounidense Cryonics Institute (Michigan) y el Instituto Europeo de Criopreservación, que surgió el año pasado.

Este último tiene intención de construir en España su gran centro de investigación y el primer cementerio de cadáveres congelados.

Precisamente su creador, el andaluz Francisco Roldán, es el primer europeo en pedir formalmente ser criopreservado el día de su fallecimiento: “No somos frikis y esto no es ciencia ficción”, declaró a El Mundo.

Se pueden criopreservar tejidos, órganos y embriones. El gran obstáculo para hacerlo con un ser humano es el hielo: la congelación genera cristales que producen daños celulares imposibles de reparar.

Por supuesto ya se está trabajando en remedios como el glicerol, que podrían impedir esos daños con bastante éxito.

Junto a la criónica, hay otros descubrimientos científicos que permiten hacer el siguiente pronóstico: dentro de 50, 100 o 150 años, la muerte no será un final.

Es el caso de la sustitución de la sangre del paciente por agua fría salada o por un líquido criogénico una vez el cuerpo es puesto a -130 grados.

En todas estas opciones de conservación es imprescindible haber muerto de forma natural o por enfermedad.

¿Y dónde queda la identidad? ¿los conocimientos acumulados durante toda una vida?

La ciencia de la inmortalidad parte de la premisa de que la personalidad, la memoria y lo que siempre ha sido conocido como “alma” se encuentra almacenada en el cerebro, puesto que la actividad cerebral puede detenerse y reactivarse sin grandes daños, por ejemplo, durante una operación quirúrgica.

Otra cosa, claro, es “revivir” después de un siglo de inactividad.

¿Qué hará la pequeña Matheryn si es devuelta a la vida dentro de un siglo? Se supone que sus padres ya han pensado en ello.

Muchos imaginan para ella una vida apasionante en un mundo futurista, otros creen que sentiría soledad y confusión. También hay quien fantasea con la fama de haber resucitado como un prodigio científico, un mito del pasado.

Mientras tanto, miles de personas están financiando su congelación a través de seguros de vida tradicionales.


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